La pintura intenta interpretar un estado suspendido entre el dolor, la
fuerza de voluntad, el miedo, la capacidad y lo imposible, dentro de una
escena abstracta. Representa un martillo que gira alrededor de sí mismo,
extrayendo aquello que le molesta por sí solo, sin rendirse ante lo
imposible.
Esta es mi visión de la creación del ser humano: seres creados por Dios
como ambiciosos, con la capacidad de resolver problemas y dotados de
todas las habilidades, emociones y la fuerza de voluntad necesarias para el
aprendizaje, el desarrollo y la autosanación.